
Viernes, salgo del cole, como rápidamente, cojo la mochila con el chándal y me voy a recoger a Vir sin saber muy bien el desarrollo de esa tarde de intensa lluvia. Salimos a la autovía y un atasco del quince!!!!
Ley de Murphy: "si algo puede salir mal, saldrá mal".
LLegamos a Alcalá y en la entrada un accidente.
Ley de Chisholm: "Cuando parece que ya nada puede ir peor, empeora"
Una hora de coche para poder llegar a la Facultad (añado 10 minutos para poder aparcar el coche en la..."pantanosa" entrada, toda una aventura). Con lo que si pretendíamos llegar a las 16:00 para poder estar en clase de Génesis por lo menos una hora, llegamos casi a las 16:30. Media hora y empezará la "sesión especial".
Qué nervios y qué incertidumbre, no sé cómo me encontraré ni cómo reaccionaré cuando comience la sesión. Voy al "acogedor y cálido" servicio y me cambio.
En la puerta nos encontramos a Alejandro que con una sonrisa nos indica que subamos al salón de actos. Menos mal!! porque la idea de desarrollar la sesión en el patio, a la vista de toda la facultad.... no me terminaba de convencer. Subimos y, después de esperar unos instantes para dar tiempo a que lleguen más compañeros, comienza la sesión.
Al principio me sentía un poco violenta, Paco tan serio (o eso parecía en el artículo), Alejandro, un compañero de Alejandro (perdón pero no recuerdo su nombre)y lo que faltaba: un desconocido grabando todo como en “Gran Hermano”. !!Qué situación tan... extraña y desconocida. Miré a mis compañeros y por sus caras deduje que se sentían más o menos como yo. Así que eso, en cierta manera, hizo que me tranquilizara un poco. Y comenzó la sesión.
Lo primero que hizo Paco fue darnos la opción de elegir si queríamos participar o preferíamos observar. Era una sesión voluntaria y quería que todos nos sintiéramos cómodos.
Habíamos hecho el "esfuerzo" (encantadísima) de estar allí un viernes, lloviendo y a esas horas así que, llegados a ese punto, había que enfrentarse a lo que fuera.
Paco,(si se me permite, desde ese momento y durante unas horas), "nuestro Sensei", desde el primer momento dejó claro que el karate no solo era un arte para combatir o defenderse, estaban en juego muchas más cosas. La coordinación motora, el equilibrio físico y mental, el ritmo, la capacidad de orientación...es decir, el desarrollo una serie de habilidades para entender la realidad y muy útiles en la vida.
Creo que el ambiente que Paco logró crear, con su forma de ser, de hablar, de reaccionar ante las distintas situaciones que allí fueron sucediendo, hizo que todos nos sintiéramos cómodos, cómplices de lo que estábamos viviendo, y creo que el ambiente en clase a partir de esta sesión será más distendido.
Lo cierto es que allí estábamos todos, realizando una serie de ejercicios, que al principio no parecía que entrañaran una gran dificultad, pero a medida que fue avanzando la sesión se fueron complicando. Creo que la mayoría de los que estábamos presentes disfrutamos y aprovechamos cada momento, bien participando, bien observando.
Cuando me quise dar cuenta, estaba en el centro de la sala, rodeada por mis compañeros y haciendo bloqueos, agarres o como quiera que se llamaran los ejercicios que hicimos (me gustaría saberlo). Había olvidado los nervios, las dudas, la vergüenza, el miedo a equivocarme, la inseguridad.... y de repente empecé a plantearme que en las últimas dos semanas había tenido esa misma sensación en varias ocasiones, y empecé a analizar qué factores habían cambiado en mi vida.
No sé si ha sido casualidad, ha sido el contexto o ha sido que yo he cambiado y he empezado a desarrollar algunas habilidades, o a lo mejor ha sido algo momentáneo y que no vuelve a repetirse, pero lo cierto es que en estas dos últimas semanas, cuando me he visto ante situaciones en las que me he tenido que enfrentar a un público (sea cual fuera el motivo), me he sentido cómoda, con cierto nerviosismo (porque de otra forma sería contraproducente), pero cómoda. Y lo cierto es que esa sensación me ha encantado.
Me encantaría volver a repetir la experiencia, me encantó escuchar a Paco y tratar de aprender de él, absorber lo que él me podía aportar, me encantó formar parte de ese grupo y me encantó ver a Alejandro realizando una actividad que jamás me hubiera imaginado que practicara, jaja. Me encantó “estrechar lazos” con mis compañeros y me va a encantar recordar esta actividad siempre.
Gracias a todos los que hicisteis posible esto.
Termino con una parábola que he encontrado acerca del Do (camino) y un hombre insignificante:
Un karateka preguntaba a su Sensei: ¿Cuál es la diferencia entre un hombre del Do y un hombre insignificante?
El Sensei respondió: "Cuando el hombre insignificante recibe el primer Dan, corre rápidamente a su casa gritando a todos el hecho. Después de recibir su segundo Dan, escala el techo de su casa, y lo grita a todos. Al obtener el tercer Dan, recorrerá la ciudad contándoselo a cuantas personas encuentre."
El Sensei continuó: "Un hombre del Do que recibe su primer Dan, inclinará su cabeza en señal de gratitud; después de recibir su segundo Dan, inclinará su cabeza y sus hombros; y al llegar al tercer Dan, se inclinará hasta la cintura, y en la calle, caminará junto a la pared, para pasar desapercibido. Cuanto más grande sea la experiencia, habilidad y potencia, mayor será también su prudencia y humildad".

1 comentario:
Hola!
Claro que tenemos que repetir, aunque a mí sí que me gusta la idea de hacerlo al aire libre, con más libertad de movimiento, los compañeros en clase viendo lo que hacemos... ¿qué atribuciones harían? jaja, lo digo por ir relacionando con algo el tema de psicología social.
Besos,
Vir.
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